Frente al aumento de las peleas entre jóvenes: el desafío del respeto, la solidaridad y la empatía

 Estamos en un contexto en el que la violencia forma parte de la vida cotidiana. En los boliches de la provincia de Buenos Aires se registran 700 casos de peleas cada fin de semana. Imaginémonos a mayor escala y más allá de los ámbitos de fiesta. Los casos de violencia que circulan en las redes sociales y otros medios suelen mostrar dos componentes muy claros: la gran mayoría son protagonizados por jóvenes, y la policía y los patovicas solo empeoran las cosas.

Creemos que los conflictos cotidianos expresan la separación que sentimos con relación a los demás. Nos criamos en contextos donde nos inculcan y fomentan sentidos de pertenencia que no se basan en el conocimiento de los demás, sino en prejuicios, y que van de la mano con las lógicas de la rivalidad que nos llevan a pensar al resto como extraños y, por lo tanto, como potenciales enemigos. En estas ideas se apoyan los partidos y discursos reaccionarios que reclaman más represión y violencia que, como vimos en el último tiempo, están empezando a generar simpatía en muchos jóvenes. Esto fomenta la búsqueda de imponernos a costa de los otros, perdiendo de vista una manera distinta y benéfica de ser y estar en común. Ante esta situación, nosotras y nosotros las/os jóvenes, ¿qué podemos hacer?

Sin ir más lejos, dos compañeras de Espartaco en el 2018 fueron protagonistas en su secundario de un enorme movimiento de solidaridad entre mujeres que estimuló en muchas chicas el coraje para romper el silencio, promoviendo y fundando con sus compañeras de colegio el primer grupo de mujeres autoorganizadas contra la violencia y la prepotencia machista. Este valioso ejemplo de compromiso, que puso en cuestión los criterios de convivencia de las y los jóvenes, fue una expresión de protagonismo directo para crear espacios independientes espacios independientes de conocimiento y apoyo alternativos. Fue un cambio que comenzó a transformar la vida de muchas/os, pero su desarrollo se vio frenado por la falta de conciencia y reflexión común respecto de las razones de fondo que habían motivado su unión y lucha, lo cual facilitó su deriva institucional.

Desde Espartaco, creemos que para enfrentar el aumento de la violencia entre jóvenes podemos inspirarnos en ejemplos como el anterior que pueden guiarnos en la búsqueda de una vida mejor entre toda y todos. Queremos empezar por reconocer los anhelos de muchas personas que frente a los atropellos cotidianos buscan unirse en función de un bien elegido en común. Te invitamos a reflexionar juntas/os sobre cómo podemos mejorar los ámbitos en los que estamos para que en ellos prime el cuidado, el respeto, la solidaridad y la simpatía, levantando la vista de las pantallas que distorsionan nuestra sociabilidad y nos convierten en sujetos más controlables e indiferentes.

Augusto G. y Delfina C.


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