Las y los jóvenes frente a la guerra: ¿posicionarnos política o humanamente?


Ya pasó más de un mes y la guerra continúa. Nos siguen impactando las muertes, la destrucción de las ciudades ucranianos y el número creciente de refugiados, con quienes empatizamos en su dolor, pero también en su búsqueda tenaz de una vida mejor (a propósito, no dejemos de ver los "Dibujos por la paz" de Cristian S. en la sección de Culturas de este número, que son brillantes y conmovedores).

Como venimos diciendo, en las páginas de este periódico, cuando lo difundimos en los colegios y plazas de la ciudad y en conversaciones con amigas/os: "si querés la paz, desafía la guerra", porque "la paz también depende de vos". Pero ¿qué significado tienen para nosotras/os estas reflexiones?

Vivimos en un contexto en el que la lógica de la política, según la cual lo único que importa son "las cosas concretas", sigue pesando fuerte (aunque cada vez resulte menos atractiva para quienes buscamos un mundo mejor). Esa lógica, que encontramos en expresiones como "si la guerra no es acá, ¿por qué nos importa?" o "¿cómo afecta esto a la economía argentina?", es la que promueve la indiferencia ante lo que pasa en el mundo. Además, la mirada política lleva a mucha gente de buenas intenciones, que advierte el grado de opresión y mentiras al que nos somete el sistema, a simpatizar por cualquiera que confronte discursivamente con el imperialismo y con las mentiras que efectivamente difunde por los medios de comunicación.

Pero ¿estamos dispuestos a relativizar lo que representa Putin desde un punto de vista moral y ético? ¿A no denunciar la homofobia, misoginia, represión y censura contra cualquiera que se manifiesta, que connotan su régimen? ¿Hacemos la vista gorda solo para "estar en contra del sistema"? ¿No son, justamente, nuestras convicciones éticas las que nos empujan a rechazar las atrocidades de los poderosos? Y, más primordial: ¿qué nos importa más? ¿Las mezquinas disputas de poder entre Rusia y los EEUU o las vidas de las personas comunes del mundo, que sufren esta guerra en Ucrania (y tantas otras en África o en Medio Oriente de las que ya nadie habla)?

En nuestro manifiesto, que escribimos juntas/os en 2019, decíamos: "En un mundo donde la vida vale cada vez menos, nosotras/os queremos hacerla nuestro punto de partida. Elegimos partir de las personas y no de las instituciones. Somos humanistas porque valoramos la vida y queremos transformarla y defenderla de la violencia cotidiana de los opresores (violencia que, lamentablemente, también se suele reproducir desde abajo)".

Estas ideas pueden ayudarnos a pensar mejor las razones para ser solidarias/os: cada persona, con su posicionamiento humano, hace la diferencia. No porque vaya a terminar con la guerra, sino porque, como dice tantas veces en nuestras reuniones Delfi: "al cambiar una, al posicionarse, cambia la conciencia de una. Y, si cambia nuestra conciencia, puede empezar un rescate humano". Además, ¿hay algo más concreto que eso, el pensamiento que tiene nuestra humanidad sobre la vida? En el mismo sentido, en las conversaciones que tiene con sus amigos sobre la guerra, Tomi se está dando cuenta de que "posicionarnos con el pueblo ucraniano no es una cuestión de deber, sino que puede implicar sentirnos más libres, más felices, pero también más combativos, ya que implica sentirnos a su lado y hacer propio su anhelo de paz". Una frase que nos encanta del manifiesto, y que se relaciona con estas reflexiones, es: "La vida no va a cambiar si no cambiamos nosotros mismos".

Queremos que Espartaco sea un espacio para reaccionar, promover, compartir y desarrollar reflexiones junto a las personas más sensibles. Para levantar la mirada de las alienantes pantallas y descubrir dentro de cada una/o de nosotras/os la fuerza de una humanidad que late también afuera, en el mundo. Para descubrir la alegría, el coraje y el beneficio de ser jóvenes solidarias/os con quienes sufren. Para encontrar la entereza de posicionarnos de manera humana, no política.

Gustavo P. y Camilo S.




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