Ataque a un joven en Mar del Plata: en este contexto violento, ¿quiénes queremos ser como jóvenes?

En los últimos meses, frente al aumento de la violencia institucional hacia los jóvenes, desde Espartaco venimos proponiendo que defender la vida depende de nosotras/os mismas/os. Nos entristece y alarma enterarnos de que el fin de semana pasado la violencia fue reproducida por los mismos jóvenes. En esta ocasión, una patota de varones, a la salida de un boliche, agredió gravemente a Rodrigo, uno entre tantos otros jóvenes que salen a bailar y terminan sufriendo ataques de todo tipo.

Nos encontramos en un contexto complejo, en el que la violencia se extiende indiscriminadamente, reina la prepotencia y la indiferencia, y los ámbitos de fiesta no son ajenos a esto. Son los dueños de los boliches, los patovicas y la policía los que lucran a costa de nuestra  “diversión” y “seguridad”. La policía, que se muestra como garante de la seguridad, es la primera en hacer de la calle un lugar más hostil y peligroso. Recordemos el reciente caso de gatillo fácil en la puerta de un boliche en Isidro Casanova donde un joven que salía de bailar terminó herido de gravedad luego de que a un policía se le “escaparan” tres tiros.

Después de las vidas que se llevó la represión, como las de Facundo y Lucas, los jóvenes nos preguntamos “¿Y de la policía quien nos cuida?” Queda claro que desde arriba no hay respuestas a esto. Pero, entre nosotras/os mismas/os, ¿estamos pensando en cómo nos cuidamos? ¿O nos olvidamos de que en pocos días se cumplirán dos años de la muerte de Fernando Báez, también atacado por una banda de violentos?

Hace veinte meses que estamos en pandemia. Luego de tanto tiempo aisladas/os, queremos salir y vernos con nuestras/os amigas/os. ¿Cómo queremos volver a encontrarnos frente al aumento exponencial de contagios en los últimos días? Sabiendo que las  medidas estatales están basadas en conveniencias políticas y económicas, ¿no sería mejor pensar juntos criterios independientes para cuidarnos?

¿Podemos buscar ser más conscientes del contexto en el que estamos, pensando de qué manera dejar de ser indiferentes a todos estos atropellos contra nuestras vidas? ¿Asumir un protagonismo mayor que nos acerque a las mejores personas, con las cuales podremos sentirnos más que simples espectadores de los ámbitos en los que estamos, verdaderos protagonistas de un estar juntos más benéfico? ¿Podemos aprender a reaccionar, guiándonos por los mejores valores, y prevenir y defendernos de los riesgos innecesarios?

Desde nuestra corriente de jóvenes creemos que nuestras vidas y relaciones pueden cambiar ahora mismo si, en primer lugar, rastreamos algunas herramientas íntimas y humanas con las que podemos descubrirnos más íntegros y libres. Podemos empezar por sabernos capaces de fomentar solidaridad y cuidado en donde estemos. Impulsemos juntos ámbitos, en los que la escucha, el diálogo atento y el respeto sean los presupuestos fundamentales para ser y estar mejor juntos.

Augusto G. y Delfi C.


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