Frente al malestar y la soledad: reaccionar para vivir mejor


Diversos profesionales de la salud están advirtiendo que crecen de manera alarmante las consultas por trastornos psicológicos en niñas/os y adolescentes. Según una encuesta del Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires realizada junto a INECO y UNICEF en abril de 2021, siete de cada diez adolescentes presentaron síntomas de ansiedad, depresión, sentimientos de soledad y baja satisfacción por la vida tras el primer mes de presencialidad. Sabemos que la irrupción de la pandemia trastocó la vida de todos pero ¿cómo nos afectó a los jóvenes?

En la adolescencia, la necesidad de encuentro y de socialización emergen con una potencia inusitada. Tomamos conciencia de que podemos empezar a elegir quiénes queremos ser, sobre nuestra propia vida y con quiénes compartirla, mientras buscamos puntos de referencia para pensar/nos. Esta libertad se ve obstaculizada por los poderes opresivos. ¿No será esto una de las cosas que causa tanta angustia? Atacan la afirmación de nuestras propias capacidades porque temen la puesta en discusión de los parámetros culturales y sociales predefinidos e impuestos por ellos. Lo vivimos con la fuerte presencia de control estatal durante la cuarentena, a la que se sumó el encierro con nuestras familias monitoreando cada aspecto de nuestras vidas. Además, las escuelas, con sus programas y esquemas de calificación obsoletos, generaron y generan aún más presión y frustación. Y las redes sociales fueron una trampa mortal: siempre conectados, pero cada vez más solos y atrapados en la irrealidad digital en donde circulan imágenes de perfección, mensajes de odio y se ridiculiza la muerte. Esto hace más difícil la posibilidad de imaginar un mundo mejor, una vida diversa, un futuro que no encaje con los estereotipos.

Creemos que podemos empezar a reaccionar para vivir una vida más libre y feliz, con perspectivas de un futuro mejor. Para esto, es necesario afrontar la resignación e incertidumbre que nos proponen cotidianamente. Y esto depende de nosotros. No nos hagamos ilusiones en las instituciones cada vez más decadentes. Aunque muchos adolescentes son indiferentes, sabemos que a algunos jóvenes nos preocupa el sufrimiento de nuestros compañeros y una posible mejor convivencia. Por qué no empezar por buscar estar bien juntos, con cuidado y respeto recíproco, atentos a cualquier señal para ayudar a quien se encuentra en dificultades y afrontando cualquier tipo de expresión machista, homofóbica o racista que puede surgir con la excusa de que "es solo un chiste". Pero podemos pedirnos aún más: podemos ser juntos un bien para otros/as no limitándonos a nuestras/os amigas/os. Empezando a pensar nuestra humanidad, a mirar al mundo y encontrarnos con ejemplos de rescate humano, como expresan las páginas de este periódico, para pensar una vida mejor y empezar a construirla juntos.

Camila Carbia


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